EL TIEMPO Y EL ESPECTADOR, LA PELEA ES PELEANDO A PUNTA DE PUBLICIDAD HUMANA

Las calles del centro de Bogotá se han llenado esta semana de la publicidad humana de los diarios El Tiempo y El Espectador. Ambas publicaciones han decidido acudir a esa estrategia, propia de los restaurantes de “corrientazo” o de los negocios de San Victorino (y de las calles de Broadway), aunque en la batalla por hacerse al público de la capital del país han echado mano de otros recursos.

El Espectador, por ejemplo, está pagando a los voceadores casi la mitad del valor de cada ejemplar (que es 1.200 pesos de lunes a sábado y 3.000 pesos los domingos). Además, ofrece un descuento del 10 por ciento para las suscripciones que se hagan por internet, y sigue entregando un coleccionable sobre los derechos de los niños a quienes se abonen a la publicación. Es difícil, en todo caso, encontrar ejemplares de esta publicación en todos los quioscos e imagino que ya estarán trabajando en cómo mejorar la distribución.

El Tiempo, está regalando cupones para una gran rifa (numeromanía) y ha puesto, según he visto hoy, publicidad en unos televisores que han instalado hace poco en algunos buses de Transmilenio.

Los resultados de estas estrategias de publicidad y de ventas, se verán dentro de poco. Por el momento hay que decir en cuanto se refiere al contenido de las publicaciones que en su edición impresa El Espectador esta semana ha presentado en sus portadas varios temas diferentes a la agenda mediática nacional, con todo y la cantidad de noticias que a diario se producen en este país bendito y que dejan poco margen para salirse del tema del día. Los columnistas, además, son de primera línea.

En cuanto a las visitas en su sitio web, El Espectador ha tenido un amplio remonte en el ranking de Alexa, como se observa en el gráfico adjunto. Veremos hasta cuándo llega el impulso de quienes compran el diario por la novedad. Y también, si el apuntado aumento de las visitas del diario on-line, no va en detrimento de la compra de la versión de papel. Para el caso de El Tiempo, habrá que ver si las portadas que cambia cotidianamente en la publicidad humana (El Espectador deja siempre el mismo anuncio de que regresaron como diario) contribuyen a que la gente deje de comprar el periódico o viceversa, como por supuesto debe de ser la intención de los creativos de publicidad.

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