ESCRITORES EN COLOMBIA NO PUEDEN MORIRSE DE ABURRIMIENTO

La paisa Piedad Bonnett, escribe esta semana en Babelia, el suplemento literario del diario El País de Madrid, un artículo titulado “ser narrador en Colombia” en el cual da cuenta de la situación de la literatura de este país.

Algunos puntos que subrayo del artículo:

Sombrerazo a los periodistas convertidos en novelistas sin cambiar el registro de su escritura: “un número significativo de periodistas se ha lanzado a escribir novela, algunos con bastante éxito editorial. La buena acogida de sus libros obedece, en ocasiones, a la calidad de la escritura -es el caso del último libro de Abad-, pero en muchos casos -la mayoría, diría yo- más al apoyo mediático o a razones comerciales que a otra cosa”.

Banderillazo para la novela Satanás: “algunos autores contemporáneos de la novela de la violencia, en su afán de hacer inteligible el fenómeno y llevados por un deseo de interpretación moral, han optado por el lenguaje del melodrama, el cual, dentro de una tradición muy latinoamericana -que incluye la telenovela- cumple, según Monsiváis, con ‘la función muy útil y no menospreciable de permitir la asimilación de un paisaje trágico’. El problema es que este tipo de novela -Satanás, de Mario Mendoza, es un buen ejemplo, pero hay muchas más y muy conocidas- cae en estereotipos, maniqueísmos, ‘simpleza argumentativa’ y aburridas moralejas”

Pullita a la crítica: “La crítica literaria se ha incrementado un tanto, animada por las revistas culturales, pero sigue dejando mucho que desear, entre otras cosas porque las páginas culturales de los grandes periódicos privilegian la farándula, muy en la onda comercial que hoy impera”.

Y la frase final, nunca mejor dicho algo en referencia a este infierno paradisíaco: “un escritor en Colombia puede morirse de cualquier cosa -incluso de una bala perdida- pero jamás de aburrimiento.”

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