LA PUTA POLÍTICA

Con este título escribiò su nota semanal Flavio Restrepo Gòmez, en La Patria, de Manizales. Cargarda de acidez y con claridad acostumbrada, el autor da una lección de cómo escribir bien una columna de opinión.

Esta Colombia maravillosa es una verdadera caja de Pandora. Producimos noticias extraordinarias e increíbles en un mundo civilizado. Mundo civilizado, al cual, los acontecimientos diarios nos dicen que no pertenecemos. Tenemos además, un filón inagotable de maravillas geográficas. Promocionan nuestro país con la difusión de una “Colombia es pasión”. Si, Colombia es pasión y muerte. Nunca dicen la verdad y por eso no hablan de que también hay una Colombia violenta y política, con la cual, al lado de tanta belleza, nos han construido una letrina institucional despreciable.

Tenemos ese engendro de Para-militares y de Para-militarismo. De ellos nació la Para-política. Esa vergüenza nacional que cargamos como un lastre por todos los confines de la tierra, y que nos caracteriza como un pueblo violento y desalmado. Ese capítulo vergonzoso de nuestra realidad nacional, se construyó, con la permisividad y el auspicio de los que se autodenominan lo mejor de nuestra sociedad. Pocas excepciones. Industriales, ganaderos, comerciantes, profesionales. En fin, la crema y la nata de nuestra sociedad sin valores, sin ética y sin límites. Crema cortada, nata agria y podrida.

A su amparo, se intimidaron poblaciones enteras, que testimoniaron el paso destructor de la motosierra, de la operación pánico, de la muerte al por mayor y al detal, como una caravana con la que promocionaban la construcción de un nuevo país. Un país peor del que teníamos, repleto ya de purulencias. Se infiltraron en todas las instituciones, desde el más pequeño de los corregimientos, hasta la más grande de las ciudades. Nada se les escapó, infiltraron el gobierno, los entes administrativos, los de control; asesinaron o amedrentaron la justicia.

Se colaron en todos los estamentos de poder. Se apoderaron de las tierras, desplazaron millones de campesinos, asesinaron y siguen asesinando sin piedad alguna, millones de colombianos indefensos. Gozaron de la simpatía de una sociedad que les ayudó a financiarse, porque creía que los defendía y a la que después le arrebataron todo. Se metieron en el negocio del narcotráfico, para tener dinero sucio por montones. Así construyeron un emporio de indignidad y de muerte que poderoso, hace alarde de su capacidad ilimitada para delinquir.

Se apoderaron del poder político, apoyaron un candidato a presidente que metió el cuento de la posibilidad de “Convivir” y lo volvieron a apoyar, para que no quedaran dudas.

Se apoderaron del parlamento, donde hombres y mujeres indignos tuvieron y aun siguen teniendo asiento, con el patrocinio de la debacle institucional que promovieron con sus ejércitos de asesinos.

Tenemos esa deformación revolucionaria de guerrilleros y de guerrilla. De ellos, que han sembrado también de terror nuestras montañas y nuestros valles, nació la Farc-política. Esa otra vergüenza nacional que arropada en ideales revolucionarios y emancipadores de un pueblo, lo han destruido y asesinado sin piedad alguna. Nos presentaron sus versiones indignas de lucha, con el carro bomba, el burro bomba, el collar bomba, el asesinato impune y aleve de campesinos y ciudadanos.

Este capítulo no menos vergonzoso de nuestra realidad nacional, se construyó también con el apoyo de quienes creen hacer Patria con la destrucción del país, con el más infame de todos los crímenes, el secuestro, convertido con indignidad sin límite, en arma de una revolución inexistente. Ese escudo humano que forman con los cuerpos indefensos de los cautivos, para defenderse en este genocidio que patrocinan a diario, pone toda la sangre y todo el sufrimiento. Destruyen fauna, flora, violan selvas vírgenes, destruyen ecosistemas y tienen el más profundo desprecio por la vida humana. Con ese cúmulo de deshonor, patrocinaron a otros políticos que indignos y sin conciencia, se han prestado para manchar los cargos en los que se debe representar la voz popular.

Tenemos como si no fuera suficiente, ese monstruo de mil cabezas que se ha logrado colar impunemente por los rincones en los cuales no han estado vigilantes. La deformación de todas las formas de sociedad decente. La de narcotraficantes y de narcotráfico. Con ellos y el poder de sus manchados, podridos e inmensos capitales, nació la Narco-política. Esa vergüenza mayor de nuestra nación. A esa vergüenza mayor, le debemos el deterioro de nuestra clase dirigente comprable, de nuestra clase política con precio y sin conciencia.

Ese ejército de narcos de todos los tamaños, con sus despreciables traquetos, que les sirven de intermediarios, con sus delincuentes que les sirven de distribuidores, ha convertido la dignidad de una nación en un pozo séptico, en una casa de cambios de conciencias con precio. Esos gusanos que se visten de marca, dan lora y hacen alharaca, viven en mansiones fastuosas o son propietarios de grandes empresas, de cadenas de almacenes que les sirven de fachada, para esconder y limpiar la sangre de que está impregnado su maldito dinero.

Ese grupo de delincuentes mayores, coleccionistas de basura cara y de personas baratas, de lujos y excentricidades, han cometido el crimen infame de envenenar una sociedad entera para poder llenar sus bolsillos, sin importarles que sus víctimas paguen el precio de la pérdida de la libertad, de la pérdida de la conciencia, que se conviertan en víctimas dependientes. Esas mismas víctimas que nuestro Presidente, en una medida tan absurda como estúpida, quiere convertir en delincuentes y que purguen penas, cuando no ha hecho nada porque las penas de los victimarios sean mayores, mas rígidas y la sociedad menos complaciente con ellos. Es que Uribe es un maestro del malabarismo al que le gusta curar la fiebre en las sábanas.

Todos estos actores han dado vida de nuevo a lo peor que tiene Colombia, la causa de los verdaderos males del país, el origen de todas nuestras desgracias y de nuestra miseria. Los políticos que no tienen vergüenza, la mayoría, y los politiqueros de profesión, todos, dieron origen a la Puta-política. Un fenómeno emergente de indignidad que produce vergüenza. Es que es esa puta política la que nos tiene así…

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