SE BUSCA SASTRE QUE NO HAGA DESASTRES

Hernán Peláez dijo en La Luciérnaga que se trataba de la foto del año. Y la página de la Embajada de Colombia en Londres (cuya versión en spanish está en construcción!!) publicó un comunicado con aire de explicación que parece poner de manifiesto la acusación: Noemí Sanín hizo el oso con el vestido que llevó durante la presentación de Credenciales, el pasado 21 de mayo, como embajadora de esta Locombia ante el Reino Unido e Irlanda del Norte.

Óscar Domínguez escribió una columna sobre el tema en El Tiempo en la que refirió el asunto: “exquisitamente mal vestida por alguno de sus enemigos”. Mientras tanto, su Majestad la Reina Isabel II no dijo nada pero uno adivina que con alguien debió luego comentar en el Palacio de Buckingham las llamativas características de la moda tropical.

Cada quien se vista como quiera, sin que se rompan los protocolos cuando haya ocasión. De hecho, el comunicado de la Embajada dice: “Para su Presentación de Credenciales la Embajadora se ciñó estrictamente al Protocolo exigido con anterioridad por el Palacio de Buckingham: traje de noche (largo), guantes y las condecoraciones obtenidas, de ser el caso”.

Imagina uno, como dice Domínguez que ese vestido nunca más se volverá a usar: “La embajadora lució uno de esos vestidos que duran la eternidad de un segundo. La coquetería y la vanidad les impiden a las mujeres bellas y audaces como Noemí -Placentera, en arameo- repetir traje en grandes ocasiones. No hay otra chanfa que salga con semejante hebra. Ni siquiera la Presidencia. Chillaría esa pinta en la Plaza de Bolívar, cerca del barrio Las Cruces (…) De pronto su destino sea una subasta en algún exclusivo martillo londinense con fines sociales. Otra remota posibilidad de usarla sería en un tercer matrimonio de la Placentera “contra” el español Javier Aguirre”.

El vestido no cabe en cualquier armario y apuesto que su destino será el mismo que tuvo el frac que la doctora Sanín, que vive de nuestro sueldo de contribuyentes desde hace más de 10 años (sí, ya sabemos, “por los servicio a la Patria”), le consiguió al presidente Álvaro Uribe con ocasión de una cena con la realeza española (los del éxito musical “¿por qué no te callas?”). Las fotos de ese acto hablan por sí solas:

Domínguez dice que al nombrar a Sanín como la representatne del gobierno de Colombia en Londres, el presidente Uribe “mató dos pájaros de un tiro: le dio a su posible sucesora la opción de mejorar su sospechoso inglés, y le permitirá al señor Aguirre actualizarse para desempeñar el papel de ‘primer damo’ de la nación”.

Yo esperaría un poco. Fue desde esa misma embajada que Sanín renunció al gobierno de Samper, luego de que el entonces Fiscal General Alfonso Valdivieso, a finales de 1995, acusara a Samper ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes de haber permitido el ingreso de dineros calientes provenientes del Cartel de Cali en la campaña que lo llevó al poder en 1994. Y Sanín no se ha desdicho de sus afirmaciones de 2002 publicadas el 24 de abril por el diario El Tiempo: “Si gana Uribe la presidencia es como si la ganara Carlos Castaño”.

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