La deuda que tenemos

En las historias de los países de América Latina cada cierto tiempo aparece el fantasma de la crisis de la deuda externa. En términos muy groseros, este fenómeno consiste en que las deudas que las economías tienen con sus acreedores, alcanzan un nivel muy alto, a veces impagable, lo que genera graves crisis económicas, entre otras razones porque deben dedicarse muchos recursos para pagar la deuda o porque los bancos dejan de prestar el dinero necesario para que las economías sigan moviéndose de modo positivo

En los 90 y en lo que va de este siglo, el asunto se ha normalizado. Mejor, para ser más exactos, se habla poco del tema de las deudas externas. En parte porque las economías, en general, han crecido. En parte también porque los acreedores han tenido que preocuparse de lo que pasa en otras geografías y de los desastres que se han encontrado al interior de las propias instituciones financieras, por cuenta de algunos de sus directores pícaros que viven hoy muy panchos, mientras que en buena medida la gente de a pie ha tenido que subsidiar esos descalabros, mediante impuestos y por otras vías.

Pues resulta que hoy se supo el dato de que la deuda externa de Colombia alcanzó en el primer semestre de 2013 la cifra de 81.482 millones de dólares. Vale decir, el equivalente al 21 por ciento del actual Producto Interno Bruto. Me quedé un poco sorprendido con esos números, pues si bien muchos consideran que un país debe endeudarse cuando hay buenos ingresos para aprovechar y construir “el futuro”, no sé si eso es lo que está ocurriendo en Colombia.

Para explicar un poco lo que quiero decir, pongamos la cifra conocida hoy, del siguiente modo:

  • Cada colombiano, en promedio, adeuda cerca de 1.733 millones de dólares a instituciones financieras en el exterior. O sea 3”120.587’000.000 (en español, tres billones ciento veinte mil quinientos ochenta y siete millones de pesos).
  • Si un ciudadano colombiano que ganara un salario mínimo, tuviera que pagar esa cifra, tendría que destinar todos sus ingresos  durante 5’293.616 meses, lo que equivale a 441.134 años, lo que es lo mismo que 4.411 siglos. En “cifras cortas”, un colombiano  que tenga un salario mínimo y le vinieran a cobrar “su deuda”, duraría cuatro milenios y medio pagándola, asumiendo que dedica todos sus ingresos para ello.

El refranero habla de que “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague”. Bueno… lo que estamos dejando para las próximas generaciones no pinta bien.

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